Castelli es un pueblo de casas bajas, diez mil habitantes y la clásica distribución de las localidades de la provincia: plaza central y alrededor de ella municipalidad, parroquia, bancos y comisaría. Hasta ahí llegamos para visitar la Escuela Nº 501 de Educación Especial, con el equipo de Seguimiento y Evaluación de Conectar Igualdad del Ministerio de Educación de la Nación. La escuela está en una calle en la que el pueblo se confunde con la llanura pampeana, en el límite entre lo urbano y lo rural. Al llegar, los integrantes del equipo ya nos habíamos repartido las tareas: observar las clases, entrevistar a docentes, directivos, alumnos, familiares; relevar datos técnicos sobre la ejecución de Conectar Igualdad y confeccionar la ficha de escuela. Lo primero que nos llamó la atención apenas traspasamos la puerta fue el buen estado en el que se encontraba el edificio. La construcción típica de los 80, con frente de ladrillos a la vista. El interior, recién pintado en tonos pasteles de amarillo. Luego de una breve charla con la directora fuimos presentados a los alumnos, docentes y preceptores. Gracias a la buena predisposición de toda la comunidad educativa, y también a lo aprendido en salidas anteriores de campo, pudimos desarrollar todas las tareas previstas.
Todos somos especiales
En el comedor de la escuela entrevistamos a dos madres. Una de ellas está terminando el secundario en la escuela de adultos de Castelli. Como alumna, había recibido su netbook. Nos contó: “al principio con mi hija nos peleábamos, porque yo no quería que me agarrara la compu. Pero ahora resulta que también le dieron una y es ella la que me enseña a mí”. Ante la pregunta de cómo se imagina se van a usar las net dentro de dos años y qué cosas se tendrían que dar para que ello suceda, esta mamá dijo: “Y, tendría… tendría que haber más integración”. Enseguida vino la repregunta: “Cuándo decís más integración: ¿qué querés decir?”. “Más integración, no solo acá en la escuela, me refiero a más integración social. Todos somos humanos y tenemos defectos. Todos somos especiales”. Seguimos hablando un rato más mientras la nena daba cuenta de un plato lleno de galletitas con dulce de leche que nos habían dejado sobre la mesa. Después de entrevistar a madres y alumnos, mientras esperábamos que un docente se desocupara tuvimos una charla informal con la vicedirectora. Nos contó sobre las refacciones que realizaron en el edificio y las incomodidades del año anterior en un espacio prestado. Pero estaba feliz: muchas de esas modificaciones edilicias las habían hecho con los alumnos del taller de integración laboral. También hablamos del equipamiento de la sala de estimulación motora, que había sorprendido a todo el equipo. Dijo que lo habían comprado con un subsidio pero que, con la inflación, el poder adquisitivo de ese subsidio se vio reducido y tuvieron que ingeniárselas con diferentes actividades para terminar de pagarlo. “Y ahora, con las compu, estamos todos reenganchados –decía sonriente–. ¿Vieron la escuela privada Cristo Rey, en la otra cuadra? Tenemos un proyecto que ya está por ponerse en marcha. La idea es integrar y socializar a nuestros alumnos con los de Cristo Rey en talleres de teatro, de construcción de ciudadanía y de computación. Aprovecharíamos los conocimientos que tienen ellos de informática. Aportaríamos lo poquito que sabemos…; bueno… nosotras sabemos poquito… pero los alumnos no tan poquito. Y además aportaríamos las netbooks, así podemos trabajar todos. Porque ellos –los del Cristo Rey– no tienen una compu para cada uno como nosotros”. ¿Una escuela pública de Educación Especial aporta los recursos materiales en un proyecto comunitario con una escuela “normal” y privada? Definitivamente algo está cambiando en las comunidades a las que llega Conectar Igualdad.
La netbook: vehículo para integrar
La última entrevista en Castelli fue con el docente de Integración Laboral. Tiene 38 años y trabaja en esta escuela desde que terminó el secundario. Habla de “mis alumnos”, de “los chicos nuestros”, de “mi escuela”. Dice: “estuvimos mal el año pasado”. Con el mismo brillo en los ojos que hemos visto en otros docentes, en otras escuelas, contó que las netbooks son un vehículo para integrar. Involucran a alumnos que antes no demostraban interés en algunas tareas. Cuando llegamos a la pregunta de cómo imaginaba que se iban a usar las netbooks en dos años, respondió: “En ese momento tenemos que haberlas incorporado totalmente a nuestra vida en la escuela”. ¿Y qué tendría que pasar para que esto ocurra? “En realidad, ya está pasando. Porque no es que nos tiraron las compus por la cabeza. Las trajeron, vinieron de la ANSES a auditar, del Ministerio de Educación nos llevaron a Dolores a una capacitación, ahora están ustedes acá preguntándonos cómo las estamos usando, qué problemas tenemos. Eso tiene que pasar: lo que está pasando”. Mientras hablábamos con Eduardo nos surgió una inquietud: ¿por qué cuando se piensa en integración laboral solo se piensa en talleres de carpintería, albañilería, huerta? ¿Por qué en la era digital solo talleres de oficios analógicos? “Tendríamos que empezar a pensar, para el año que viene, qué trabajos podemos emprender con la netbooks para que los chicos tengan otra salida laboral”, dejó picando el docente. Nos fuimos con la sensación de que tenemos que aprender y mucho. Antes de irnos queríamos sacar fotocopias de un informe de evaluación que la directora había hecho preparar a cada uno de los docentes. En ese documento ellos cuentan cómo utilizaron la netbook en sus materias desde que llegó Conectar Igualdad, hace apenas un mes. Queríamos fotocopiar ese registro y devolver los originales a la escuela. Pero ya eran las tres de la tarde en un pueblo que duerme la siesta y las dos fotocopiadoras estaban cerradas. Mientras dábamos vuelta debatiendo qué hacer pasamos por la oficina de ANSES, en la esquina de la plaza. “En la ANSES tienen que tener una fotocopiadora y trabajamos para el mismo patrón: el pueblo” –dijo uno de los integrantes del equipo en tono jocoso-. Nos presentamos y al rato salimos de la oficina con un juego de fotocopias. En el viaje de regreso, pensábamos que, quizás, parte de lo que viene sea entender que el Estado es del pueblo. Y los que trabajamos, circunstancialmente, para él, trabajamos juntos, solidariamente, para ese pueblo del que somos parte.
Fuente: Equipo de Seguimiento y Evaluación de Conectar Igualdad del Ministerio de Educación de la Nación.







